A R T I C U L O S

Qué difícil es el camino de la formación de jugadores de fútbol cuando no se tienen objetivos claros, y se transitan caminos erróneos adelantando o postergando etapas en el crecimiento deportivo. ¿Cuán difícil sería para un pianista perfeccionarse estudiando solamente solfeo y partitura, sin sentarse jamás a tocar el piano? Exactamente igual les sucede -en ciertos clubes- a algunos niños y adolescentes, quienes teniendo condiciones naturales para el juego, no participan del mismo por motivos ajenos a sus destrezas. En estos casos sus Entrenadores esgrimen falta de tiempo de trabajo; físicos pequeños o no formados; o características que no condicen con los sistemas utilizados por ellos. Aquí se produce el primer quiebre, porque al no lograr evaluar correctamente su evolución o retraso (cualquiera de los dos estados merece su análisis, bien para incentivar su progreso, bien para ver las causas de su involución o estancamiento, y posible corrección), no logran participar de la enseñanza y el perfeccionamiento del niño. Es normal en los clubes de Argentina, a pesar de la cantera inagotable existente, que jugadores de poca estatura física, pero con condiciones superlativas, no jueguen, y en su lugar -en pos de resultados deportivos- lo hagan jugadores sin futuro, (según opinión de sus propios Entrenadores) cuyo único argumento participativo, sea su físico imponente.

Ese camino (recorrido entre los 13 y los 17 años por jugadores de escasa técnica pero gran envergadura, y por aquéllos que tienen talento pero escaso físico –sea por aspectos genéticos, o por crecimiento tardío-) es transitado por ambos grupos, entre la ansiedad y la desesperanza deportiva de no ver con claridad sus limites o sus techos (que deberían ser marcados con claridad por sus D.T.).

Desde el aspecto comercial es una pérdida irreparable para el patrimonio de los clubes. Es por eso que las Instituciones deberían tener claro a qué apuntar, qué orientación darle a sus Entrenadores y qué objetivos tener a mediano y largo plazo. Para tener futbolistas profesionales de categoría, hay que priorizar estos conceptos en el fútbol infantil y juvenil. Poner ‘grandotes’ sin talento, ofrece gratificaciones en los resultados inmediatos, pero sólo el niño o adolescente que tiene calidad representa un reaseguro para los clubes. Desde ya, la referencia a calidad no solamente alcanza a quien tiene una técnica depurada, o habilidad en sus gambetas, también involucra al que tiene un quite perfecto, un remate fino, velocidad impactante, a un marcador de excelencia, o que posee otras capacidades similares. Algunos ejemplos podrán aseverar estos conceptos. El pase más grande en la historia del fútbol argentino a un club europeo, fue el de Hernán CRESPO en 55 millones. Crespo fue dejado libre en tres oportunidades, antes de alcanzar el desarrollo, y Javier SAVIOLA no participó de los torneos juveniles organizados por A.F.A. Sin embargo actualmente es un cotizado delantero de uno de los clubes mas grande del mundo, gracias a la comunicación de un compañero con el Entrenador de los planteles de fútbol profesional. Pero esta forma de trabajo tiene su contracara. La ARGENTINA no produce marcadores centrales de excelencia. El problema es muy claro. En edades tempranas se eligen para esos puestos jugadores de físico superior al normal. Ellos transitan el camino del aprendizaje con manifiestas dificultades técnicas, pero las superan (para regocijo de sus D.T.) con resultados óptimos en la tabla de posiciones, debido a los goles que evitan y hacen de cabeza, frente a grandes promesas que en esas edades no pueden competir por la marcada diferencia de altura. Pero cuando llegan al límite del amateurismo, conservan las deficiencias técnicas del puesto y no están aptos para los requerimientos del fútbol profesional. De hecho los grandes jugadores en esos puestos no tienen un gran físico, pues éste sigue siendo útil para las pelotas aéreas, pero los defensores de elite, deben ser rapidísimos, y el biotipo ideal es el jugador de estatura media

CONCLUSIÓN: UNA BUENA UBICACIÓN EN LA TABLA DE POSICIONES DE LAS DIVISIONES JUVENILES, LOGRADA DE ESTA MANERA, REPRESENTA SÓLO ‘PAN PARA HOY’, Y SEGURAMENTE NO COINCIDE CON LOS OBJETIVOS DE NINGÚN CLUB

¿Cómo resolver esta situación?: CAMBIANDO LAS REGLAS DE COMPETENCIA. Abolir tablas de posiciones, permitir relevos sin límites, aumentar la cantidad de suplentes en el campo con la obligación de efectuarlos en su totalidad, pueden ser algunos caminos. Se logrará así que los Entrenadores Juveniles se capaciten en mayor medida, y puedan EVALUAR y CORREGIR criteriosamente. Esa sería su misión más efectiva.

HAGAMOS DIVISIONES JUVENILES Y NO ”INFERIORES”

Sergio Marcelo Benet
Vicedirector Escuela DT “Nicolás Avellaneda”
dtavellaneda@directorestecnicos.org

 
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